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12 junio, 2024

Primero el Covid, ahora la viruela del mono: ¿hay que temer una pandemia tras otra?

Parte de la información que circula sobre la viruela del mono (o monkeypox) oscila entre la estética de un thriller en el planeta de los simios y el clásico discurso de la estigmatización que ya se vivió con el VIH-Sida. El racista, en general; y el homofóbico, en particular. La desinformación da lugar a teorías conspirativas, como que la OMS estaría lanzando alertas sobre “lo que venga”, y eso obstaculiza entender la relevancia del brote.

Brote que, al cierre de estas líneas, tenía 643 casos confirmados en el mundo, de los cuales dos habían sido hallados en Argentina, el triple que hace una semana. ¿Cuán pertinente es la viruela del mono? ¿Por qué surgió ahora? ¿Hay que preocuparse?

Clarín habló de estos temas con tres expertos. Dos son figuras reconocidas de la virología local: Andrea Gamarnik y Jorge Quarleri. El tercero es Rafael Bengoa, médico experto en gestión de la salud que trabajó 14 años en la OMS. Nació en Venezuela, vive en España, en 2013 asumió el cargo equivalente a “ministro de Salud” del País Vasco y asesoró al expresidente de Estados Unidos Barack Obama en la famosa reforma sanitaria “Obamacare”.

Dijeron cosas distintas de la viruela del mono, pero coincidieron en un concepto: cautela.

Cuánto preocuparse por la viruela del mono

La pregunta es cada cuánto vamos a tener que aprender los caprichos preventivos de un nuevo virus emergente.

Este medio le consultó a Bengoa si, considerando que la viruela del mono tiene menor contagiosidad que el Covid, que por ahora hay pocos casos confirmados y que es un virus bastante conocido, la OMS podría estar exagerando la advertencia pública lanzada.

No ayudan las teorías conspirativas, desde especular con un interés del organismo por conservar su protagonismo pandémico, hasta la hipótesis de que, tras “correrle de atrás” al SARS-CoV-2, la OMS podría querer cuidarse de cometer otro error.

Bengoa fue claro: “Prefiero una OMS que sobreactúe a una que haga lo contrario. Son ellos los que reciben la información de la incidencia en todo el mundo y, por lo tanto, deben informar rápido al resto de países, para que éstos puedan actuar en base a esos datos”.

Dado que “sorprende que la mayor parte de los nuevos casos de viruela del mundo se han reportado en países no endémicos, es la tarea de la OPS-OMS avisar cuando ocurren fenómenos fuera de lo normal”, opinó.

Viruela del mono o viruela del roedor

Un paréntesis para un tema importante: el propio rótulo “viruela del mono” es, para algunos investigadores, un desacierto que confunde.

Así lo aseguró Quarleri, doctor en Bioquímica e investigador principal del Conicet en el Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y Sida (INBIRS): “En todo caso debería ser ‘viruela del roedor’, ya que son los roedores de diversos tipos los que serían reservorio del monkeypox”.

“El nombre fue mal adjudicado, ya que el mono -como podrían ser los humanos- fue un hospedador accidental del virus, que se contagió desde el contacto estrecho con los roedores”, dijo, y agregó un par de datos de contexto.

Por un lado, recordó una serie de infecciones en 2003: “Entonces, la fuente de contagio de 47 personas fueron los llamados ‘perros de la pradera’, en Estados Unidos. Esos perros se habían contagiado de roedores exóticos traídos desde Ghana”.

Pero el patógeno es conocido desde antes, incluso, solo que el número de casos de detectados ahora superó con creces el total confirmado en zonas no endémicas desde el primer descubrimiento de “viruela del simio” en humanos, en 1970.

Más pandemias en el horizonte

La mayor cantidad de casos de viruela del mono detectados al cierre de esta nota habían sido -en orden de mayor a menor- en personas residentes en Inglaterra, España, Portugal, Alemania, Canadá, Holanda, Francia y Estados Unidos. ¿Podrían estos poco más de 600 casos transformarse en otra pesadilla pandémica?

Si bien Bengoa enfatizó que “no hay que entrar en complacencia sino reforzar los sistemas de vigilancia y apoyar a los clínicos a pensar en esta enfermedad cuando ven fiebre, un sarpullido y pústulas”, aportó un mensaje tranquilizador.

“Este virus no creará el mismo escenario que el Covid porque no tiene el mismo potencial pandémico, al no transmitirse con tanta facilidad ni ser grave, ya que la versión que circula es la variante más light de las que hay en África de forma endémica”, aseguró.

Algo similar sugirió Andrea Gamarnik, doctora en Bioquímica, investigadora superior del Conicet y directora del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires (IIBBA). Si bien aclaró que, “el potencial epidémico de este virus no es alto” y que “después de la experiencia con el Covid puede que la información sobre este virus esté sobredimensionada”, consideró que, “sin alarmar a la población, hay que estar alerta y hacer los estudios correspondientes”.

Saltos zoonóticos y cambio climático

Sin embargo, a Quarleri le preocupa especialmente que, aun con pocos casos, ocurra lo que los expertos llaman retro-transmisión zoonótica.

“Es decir, que el virus haga el camino inverso en la cadena de transmisión: pasar del humano al animal, y en este punto son relevantes los roedores como probables reservorios del virus. Si esto ocurre, el virus podría golpear esporádicamente”, advirtió.

Mirando la foto panorámica, Bengoa resumió lo que a esta altura deberían ser acciones concretas contra el estilo de vida actual y el cambio climático: “Hemos creado condiciones más favorables para que los virus de origen animal salten a los humanos. ¡Hubo 335 saltos zoonóticos desde 1940!“.

“Todo se está acelerando por la destrucción de los bosques, la globalización, los viajes… tenemos que acostumbrarnos a vivir en un mundo más ‘viral’ y disponer de sistemas de alerta rápidos para actuar antes de lo que estamos haciendo”, describió.

“Incluso con la viruela del mono, en Nigeria, en 2017, este virus avisó porque hizo un pico de incidencia muy aguda, pero, al igual que con el Covid, ¡no estábamos escuchando!”, subrayó.

Gamarnik coincidió: “Los pasajes al humano de virus que normalmente infectan animales son un gran problema. Es necesario tener una vigilancia constante de nuevas enfermedades emergentes para evitar nuevas pandemias”.

¿Esa vigilancia sería a cualquier costo?

Discriminación: del VIH al Covid y la viruela del mono

Quien ingrese al sitio de los CDC, los centros para el control de las enfermedades estadounidenses, y busque información sobre viruela del mono verá aberrantes imágenes que vulneran la desnudez de un niño de piel negra con las ronchas clásicas de este tipo de viruela.

Hace unos días, además, la Foreign Press Asociation de África difundió una solicitada en contra del racismo, por la cantidad de fake news que instalaron a la población negra como “vectora” de la viruela del mono. Y sobran los comunicadores que están asociando un mayor contagio de viruela del mono con la comunidad homosexual, información que no se sustenta en evidencia científica.

Quarleri fue tajante: “No veo al Vaticano ni a ningún organismo internacional fuera de África espantado por los 1.250 casos de viruela del mono en la República Democrática del Congo. ¿A quién le importa? Peor aún: la estigmatización de la llegada a Occidente y, supuestamente, a la comunidad gay… la historia del HIV fue parecida cuando la llamaban ‘peste rosa’”.

Parte de estas ideas aparecieron bien descriptas en un comentario publicado  el 27 de mayo en la prestigiosa revista The Lancet: “Brotes de viruela del mono fuera de las regiones endémicas: prioridades científicas y sociales”, de autores del Centre for Clinical Microbiology de la University College London (Inglaterra).

Si bien explican que “la mayoría de los casos de viruela del simio se han detectado en hombres que tienen sexo con hombres y algunos casos en Europa ocurrieron en hombres que tienen sexo con hombres y hombres bisexuales que viajaron a festivales recientes”, enfatizan que “si la viruela del mono se transmite sexualmente, requiere un estudio más cuidadoso en todos los entornos geográficos“.

“Los grupos de infecciones virales pueden ocurrir en cualquier grupo en contacto cercano en eventos de reunión masiva”, aclaran.

Y, luego, denuncian: “La intensa cobertura pública y de las redes sociales con respecto a la propagación de la viruela del simio en estos contextos ha generado exageración en sus diversas formas a través del uso del lenguaje, la conversación y el contenido, directa o indirectamente, generando estereotipos homófobos y racistas que exacerban el estigma”.

“Esto es perjudicial, injusto, estigmatizante e inaceptable”, subrayan los autores, y concluyen: “Las lecciones de la respuesta al VIH y al sida mostraron que el estigma y la culpa socavan la respuesta al brote”.

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