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20 junio, 2024

El juego K de las reelecciones: Kicillof en Provincia, Cristina en Nación y nada para Alberto

Axel Kicillof va por la reelección 2023. Su jefe de asesores, Carlos Bianco, consideró que el gobernador “tiene que ser candidato sí o sí”. Una declinación temprana a un nuevo período desataría una furia de ambiciones, agravada por la fractura que expone la coalición gobernante.

Bianco sostiene, con verosimilitud, que “si Kicillof hoy no es un potencial candidato estamos con pato rengo o hicimos todo mal“. Entre esa dualidad, la gestión (todo mal o bien) tiene valor relativo en esta gestión. El mismo funcionario pondera la administración de su amigo, el gobernador. Pero un supuesto retiro de la carrera electoral expondría una debilidad política dificil de remontar.

A eso está referida la frase del Asesor. Al lame duck inglés (pato cojo): aquel gobernante declinante, sin descendencia asegurada. Para la zoología, el animalito que ya no es capaz de seguir el ritmo de la bandada. ¿El riesgo? Convertirse en blanco de depredadores.

El jefe de campaña de Kicillof 2019 no puede tener otra argumentación. Aunque esa obviedad, transformada en más palabras, puede desnudar intenciones hasta ahora ocultas. Bianco afirma que la vicepresidenta Cristina Kirchner también tiene que ser candidata en las próximas elecciones presidenciales. “Es lo que pienso. Para cualquier kichnerista, no es que sólo yo creo. Cristina es candidata a lo que quiera y eso no tiene que ver con una cuestión de preferencia personal”.

Alberto Fernández queda corrido del juego electoral, según el ex jefe de Gabinete bonaerense. ¿Expone la posición de Kicillof? “Seguramente”, admiten en las cercanías de la Gobernación. No preocupa, entonces, la teoría del pato rengo en el caso del Presidente. Preguntado por esta contradicción, el declarante intentó un débil resguardo ante su entrevistador en ante FM Metro: “No dije eso, dije que para cualquier kirchnerista no hay nada mejor que otro kirchnerista y siempre es mejor Cristina”.

Además del salteo semántico partidario, (“para un peronista no hay nada mejor que otro peronista”, remasterizado después  para un argentino…”) la propuesta abroquela la estrategia. Un dato previo sostiene esa presunción. En abril se conformó la mesa provincial del Frente de Todos para establecer la representación institucional del espacio y para establecer estrategias electorales 2023.

No hubo ningún representante de Alberto Fernández. Estuvieron Kicillof, la vicegobernadora Verónica Magario, el presidente del PJ, Máximo Kirchner; Malena Galmarini en representación del Frente Renovador; Mario Secco por el Frente Grande; Carlos Castagneto de Kolina; Mónica Macha de Nuevo Encuentro, Cristina Álvarez Rodríguez y Martín Insaurralde. En este esquema, el poder queda conformado por la alianza de Máximo (La Cámpora), Insaurralde como representante de intendentes con base territorial, y en forma subsidiaria Kicillof, la referencia desde el Ejecutivo. Además de Sergio Massa, el titular del Frente Renovador. Tributarios de Cristina Kirchner. También Massa es subsidiario de esa dependencia.

No es un formalismo la preferencia de Bianco. Cristina está en la grilla. Aunque termine como la gran electora nomás.

Por esa pesada evidencia, Alberto Fernández se apresuró en mayo de este año, en su gira europea, a candidatearse para otro período. Tiene la sombra del desplazamiento. “Sí, absolutamente. Con todas las fuerzas necesarias para que la Argentina se ponga de pie. Y la voy a poner de pie”, fue su respuesta a TVE.

El problema son las consistencias, advierten los más prejuiciosos. “Cristina tiene todo el aparato partidario del Conurbano y parte del Interior para sostener el presunto repliegue de sus fuerzas en Buenos Aires”, aportan.

Hay un condicionamiento de fuerzas comprobables sobre el Presidente. Con indisimulable malicia, en estos días, refieren que la vice “eliminó” dos integrantes del gabinete nacional por tuit o notitas cifradas. El primero fue el vocero presidencial Juan Pablo Biondi y hace horas el ministro de Desarrollo de la Producción, Matías Kulfas, en medio de un sonoro escándalo por contrataciones en el gasoducto Néstor Kirchner. Con formas menos expuestas, pero con la misma falta de elegancia, fue despedida al principio la ministra de Justicia, Marcela Losardo. El alejamiento de Felipe Solá de la cancillería tuvo sus propias cuitas, a bandazos con la política exterior del gobierno, el kirchnerismo y las impericias.

Alberto los echó a pedido.

El último, Kulfas, con respaldo tuitero al reclamo de su vice.

“Me parece que fue algo poco feliz, desprolijo, la forma en que se produjo la renuncia del ex ministro Kulfas. A través de un off escrito, cosa que es medio rara también”, planteó Bianco. E insistió con la necesidad de un fuerte proceso de debate en nuestra fuerza política sobre cuál es el proyecto político” que quieren llevar adelante. “La unidad que es una línea de base que nadie está poniendo en discusión. Lo que sí hay son discusiones sobre temas realmente muy sustantivos de la agenda política y económica“, completó.

Hace unas semanas, en el congreso del Frente de Todos del Chaco, Alberto Fernández explicaba esa misma necesidad de “unidad” en la coalición de gobierno. La exhortación era para que “nunca más” se dividan porque “el día que nos dividimos (Mauricio) Macri fue presidente”.

Por las dudas, Bianco adelantó que la cabecera de la mesa de unidad está reservada para Cristina.

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