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20 junio, 2024

Gabriel Sivak, el argentino que estrena obra en el Colón, luego de sufrir un fuerte drama familiar y convivir con los aborígenes del Amazonas

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El compositor argentino Gabriel Sivak estrenará este viernes 24 de mayo una obra con la Filarmónica de Buenos Aires en el Teatro Colón.

Parte de una familia atravesada por la tragedia (su tío Osvaldo fue secuestrado y asesinado por una banda de policías y militares en 1985, y el padre de Gabriel -Jorge, empresario y financista- se suicidó en 1990, luego de que se decretara la quiebra de su banco Buenos Aires Building), el músico se radicó en Francia hace poco más de veinte años, desarrolló toda su carrera artística en Europa y actualmente disfruta de un reconocimiento cada vez mayor.

Gabriel Sivak acaba de terminar una residencia en la prestigiosa Casa Velázquez de Madrid, donde compuso su primera ópera, La propagación, con libreto suyo y de Alejandro Tantanian. La obra inmediatamente anterior a la ópera fue Lágrimas de Tahuarí, que tendrá próximamente su estreno argentino, un encargo de la Orquesta des Pays de la Loire y la Fondation Banque Populaire.

La obra de cinco movimientos está incluida en su más reciente álbum monográfico Danza en las aguas de Buriti. Sivak escribió Lágrimas de Tahuarí -que conjuga texturas sonoras, colores étnicos y rítmicas tribales- inspirado en un viaje que hizo a la selva amazónica en 2022 y en la convivencia durante un mes con los indios Kuikuros,

“El día que Argentina salió campeón del mundo entregué a mi editor Lágrimas de Tahuarí”, dice en un café de Palermo, todavía con vestigios de jet lag, pero verborrágico y con un entusiasmo desbordante con su primer estreno en el Teatro Colón.

Se confiesa “fanático enfermo del fútbol”, la final del mundial la vio en un bar de Madrid. “Estaba en un bar que se llama 9/12/18, lo fundó un hincha de River, al lado del estadio Bernabéu. Estaba agotado, venía sin dormir hacía tres meses, había salido de la selva y de ahí fui directo a la residencia en la Casa Velázquez de Madrid. Trabajaba duro para entregar la obra a tiempo, mientras escribía también el nuevo proyecto. Me acuerdo que en el gol de Di María me bajó la presión, pensé que me desmayaba, grité tanto el gol que me descompensé”.

Una historia con fondo de selva

Gabriel Sivak, junto a una integrante de la tribu Kuikuro, y la mandioca cultivada. Gabriel Sivak, junto a una integrante de la tribu Kuikuro, y la mandioca cultivada. -¿Por qué el Amazonas para componer una obra para orquesta?

-Quise ir más lejos en mi relación con Brasil, y quise inspirarme en el Amazonas. La tragedia del 2019 con los incendios en el Amazonas, un verdadero testimonio de la barbarie humana, con Bolsonaro diciendo que se maten los indígenas que vivían ahí, dio un giro político a mi proyecto. Me pareció un escenario interesante para hacer una obra. Había ahí un aspecto teatral.

-La relación con Brasil viene de tu infancia, ¿no? Chico Buarque solía parar en tu casa, Toquinho también.

-El que venía a casa era Chico Buarque, Toquinho es una relación más reciente, hice dos discos con él, canciones, y nos fuimos de gira por Europa. Mi viejo era muy amigo de Daniel Viglietti, comíamos con esos personajes en casa. Eso fue como una escuela para mí, no podías abrir la boca y decir cualquier cosa, había que escuchar. Pero el cancionero popular brasileño no tiene nada que ver con los indios.

-Así que te pusiste a investigar la música de los indios a partir del encargo.

-Sí, escuché durante meses las músicas de las etnias que viven en el territorio Xingu, en el Amazonas.

Gabriel Sivak está feliz de estrenar una obra propia en el Teatro Colón. Foto: Guillermo Rodríguez AdamiGabriel Sivak está feliz de estrenar una obra propia en el Teatro Colón. Foto: Guillermo Rodríguez Adami-Me imagino que no es nada fácil entrar a una etnia en el corazón de la selva y convivir con ellos. ¿Cómo hiciste para acceder?

-Hay varias etnias en el territorio Xingu, yo fui a una que se llama Kuikuros. Si querés ir a otra etnia tenés como quince horas de viaje. Es muy complicado entrar. Me puse en contacto con un etnomusicólogo francés y fue como que él me bendijo frente a la tribu. Estuve meses negociando la entrada, querían saber qué iba a hacer.

Hacía poco los habían estafado de la BBC, los filmaron y luego vendieron un documental por miles cientos de euros y ellos no vieron un centavo. Por eso había una actitud de recelo. Les dije que iba a hacer un proyecto cultural no comercial. No era un buen momento para ir, estaban los incendios, habían matado a unos periodistas. Pero soy un poco kamikaze y terminé siendo recibido.

-¿Les habías mandado tu música?

-Mandé unos fragmentos, pero no sé si los llegaron a escuchar. Lo importante es que entendieran que no iba a hacer un disco con Shakira, digamos. Son muy bondadosos y receptivos.

Una choza con hamacas

-¿Cómo era el hábitat donde estuviste y qué grado de conexión hay en la selva con el resto del mundo?

-Vivíamos en chozas, pero con acceso a internet y ellos googlean lo que estás haciendo. Hay acceso a la tele, veían telenovelas a las tres de la tarde, como podría hacer cualquier familia del conurbano.

La choza en la que vivió Gabriel Sivak en el Amazonas tenía acceso a Internet.La choza en la que vivió Gabriel Sivak en el Amazonas tenía acceso a Internet.-¿Compartías las actividades cotidianas con ellos? ¿Qué hacían?

-Sí, solíamos salir a pescar a las 5 de la mañana, comíamos el pescado, cultivábamos mandioca. Nos íbamos a bañar, siempre en grupo y con cuidado porque si te agarra una onza en la selva, es como una especie de pantera, te mata; observábamos una lucha de Huka-Huka. También jugábamos al fútbol, me preguntaban mucho por Messi, son fanáticos del fútbol y miraban todos los partidos. Y después veíamos rituales, que no se hacían todos los días sino una vez por semana.

-¿Qué tipo de ritual?

-El ritual del Kwarup, por ejemplo, cuando muere un ser querido, gritan y bailan para exorcizar el dolor. Ahí escuché algunos instrumentos que no conocía. Me explicaron cómo funcionaban y los grabé, así fui ampliando el catálogo de sonidos que tenía de los expedicionarios de los años cincuenta y sesenta.

-¿Te preguntaron cómo era tu música?

-Fue un momento muy fuerte. Estaba trabajando en el quinto movimiento de la obra, el más popular y ritual, solía componer en una escuelita que está dentro de la tribu. Y en un momento entró un indio, un luchador de la danza Huka -con brazos enormes, capaz de matar a una pantera– y me preguntó si podía escuchar. Fue un momento muy emotivo, se acercó, empezó a escuchar y al rato empezó a mover los pies. Se quedó así como un minuto, me miró en un momento, y sonrió. Fue como la bendición para mí, hubo una conexión.

Gabriel Sivak solía componer en una escuelita que estaba dentro de la tribu Kuikuro. Sigue comunicándose con los aborígenes por whatsapp.Gabriel Sivak solía componer en una escuelita que estaba dentro de la tribu Kuikuro. Sigue comunicándose con los aborígenes por whatsapp.-¿Escuchan otras músicas a través de la radio o la web?

-Sólo un tipo de rap amazónico, que se hace cerca de la selva. Un día estábamos mirando una telenovela y pasaron la canción O caderno de Toquinho, cantada por Chico Buarque. Les pregunté si la conocían y no tenían idea. No tienen ninguna relación con la música popular brasileña.

-¿De qué se alimentó tu imaginario sonoro en el Amazonas y qué volcaste a la obra?

-Cuando ocurrían los incendios en el Amazonas empecé a escuchar dentro de mi cabeza sonoridades que de alguna manera me parecía que podían enriquecer y complementar todo un imaginario que yo ya tenía del Amazonas, a través de lecturas, escuchas, músicas y de sonoridades provenientes de las etnias. Todo eso se fue complementando con la sonoridad de máquinas de deforestación, hecha por la percusión, sonidos de fuego. Grabé muchos sonidos en las caminatas por la selva.

El primer movimiento, por ejemplo, está basada en la flauta Uruá, es como didjeridu grave, y lo cierro con un ostinato rítmico inspirado en lo que escuché en el ritual. El tercer movimiento es muy calmo, con una textura grave en las cuerdas, está inspirado en el lugar donde nos bañábamos con los indios, lleno de palmeras. Ahí tuve la sensación de que ese universo acuático eran las lágrimas de los árboles que se había incendiado.

Los Kuikuro hacían rituales como el del  Kwarup, cuando muere un ser querido, gritan y bailan para exorcizar el dolor.Los Kuikuro hacían rituales como el del Kwarup, cuando muere un ser querido, gritan y bailan para exorcizar el dolor.-¿Incluiste instrumentos de ellos en la obra?

-Los que me hicieron el encargo impusieron un orgánico orquestal tradicional, no podía usar otros instrumentos. Y, por ejemplo, con dos cornos y dos fagots intenté emular las flautas que escuché en el Amazonas. Está llena de pequeños desafíos la obra.

-¿Cómo fue la despedida?

-Fue muy fuerte, llorando.

-¿Les mandaste la obra?

Sí, el tercer y quinto movimiento. Siempre me mandaron la mejor onda. Me dijeron que se veían reflejados.

-¿Se comunican vía mail?

-No, por WhatsApp.

Gabriel Sivak, con la partitura de Gabriel Sivak, con la partitura de «Lágrimas de Tahuarí», su primer estreno en el Colón, inspirado en la selva amazónica. Foto: Guillermo Rodríguez Adami-Después de una experiencia así, ¿sentís que sos el mismo?

-No, no soy el mismo. Fue una experiencia que me marcó para toda la vida.

Información

Orquesta Filarmónica de Buenos Aires

Con: Manuel Hernández-Silva (director), Teo Gheorghiu (piano) Programa: Lágrimas de Tahuarí, Gabriel Sivak; Concierto para piano en la menor Op. 16, Edvard Grieg; Sinfonía Nº 12 en re menor, Op. 112 El año 1917, Dmitri Shostakovich Teatro: Colón, viernes 24, a las 20

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