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Argentina
20 junio, 2024

Se agranda la brecha de consumo entre la punta y la base de la pirámide

Domingo a las seis de la tarde, en un importante shopping de la zona Norte. Tres mega locales juntos de electrodomésticos, explotan de clientes. Hay colas para pagar. Colas para retirar los productos y los vendedores no dan abasto para satisfacer las consultas de los consumidores que siguen ingresando a los negocios. La postal parece insólita en un país que tiene el 37,3% de sus habitantes pobres y no logra comprar con sus ingresos una canasta básica de consumo. Y sin embargo, es real: como también lo es el patio de comidas donde cuesta conseguir una mesa o el resto de esos locales donde la ropa, los perfumes y accesorios consiguen ser comprados a pesar de sus precios exorbitantes.

La postal del shopping refleja esa mitad de la Argentina con una población de mayores ingresos que puede adelantar compras para ganarle a los precios. Una mitad que contrasta con la de aquellos hogares que deben reducir el consumo como producto del deterioro de sus ingresos y que -lejos de la ola consumista- no llega a cubrir sus necesidades básicas a fin de mes.

El primero, es el segmento de la población que está en situación de “consumo revancha”, según lo define el analista Guillermo Oliveto: la expresión alude a que tras la pandemia, quienes tienen un excedente en el ingreso, al no poder comprar dólares, gastan los pesos comprando bienes en cuotas. En la mayor cantidad de cuotas posibles para tener la sensación de “ganarle” a una inflación que llega al 58% anual.

Eso explica el crecimiento de las ventas de electrodomésticos, de motos y de autos; el auge de las refacciones en las casas o el agotamiento de localidades para un recital con entradas que cuestan entre $8000 y$19.500. También el boom del turismo que se registra cada fin de semana y preanuncia una excelente temporada para las vacaciones de invierno: “hay un muy buen nivel de reservas en los principales puntos turísticos del pais”, según revelaron fuentes de la Cámara Argentina de Turismo (CAT).

En el mundo del consumo masivo, por ejemplo, en los supermercados, puede verse que “las primeras marcas tienden a ser elegidas por un consumidor de un mayor poder adquisitivo que muestra un comportamiento de stockeo”, dice Martin Estevez, analista de la consultora Nielsen.

“ Algunos casos de este comportamiento de primeras marcas son las galletitas dulces rellenas, o el jabón líquido para lavarropas, donde vemos un crecimiento de los formatos de mayor tamaño o rendimiento o bien packs de más unidades. Esto denota un consumidor con poder de compra y en cierta forma también estratégico ya que esa compra anticipada le permite cubrirse mejor frente a la inflación”

“Las restricciones en los sectores socioeconómicos medios altos pasan por un ajuste en sus gastos en servicios de salud, educación, sociales, deportivos o del auto”, agrega el analista Damian Di Pace. “Es decir, frente a la inflación recortan una porción importante de lo que históricamente implicaba un estándar patrimonial de su calidad de vida”, dice.

En cambio, los estratos que se encuentran en la base de la pirámide social en la que se incluyen la clase baja y la clase baja superior o “no pobre”, ni sueñan con acceder a esos bienes y servicios. Segun la Encuesta Permanente de Hogares sólo uno de cada diez asalariados cobra un ingreso superior a los $100.000 que es exactamente lo que cuesta la canasta básica para una familia tipo, según los registros oficiales de mayo. Salarios que, en el mejor de los casos, son ajustados por paritarias con acuerdos de entre 45 y 60% anual en cuotas, mientras la inflación prevista es del 70%.

Asi, esta porción de la población sigue viendo cómo se deteriora su poder adquisitivo. Se estima que en esta franja, la perdida de la capacidad de compra supera al 36% respecto de fines del 2015.

“La gente no tiene plata y compra cada vez menos unidades”, apunta Yolanda Durán, desde la cámara que agrupa a los autoservicios chinos (CEDEAPSA). En este canal es precisamente donde los consumidores de menores ingresos van a comprar lo indispensable, lo que se adapta al monto disponible en su bolsillo, en ese momento.

También la venta ilegal callejera -donde las clases bajas y medias suelen comprar ropa más accesible- aumentó en un año un 34,5%, según el último relevamiento de la Camara de Comercio (CAC).​

Un informe que presentó la Universidad Católica (UCA) en la última semana, mostró que cuatro de cada 10 argentinos son pobres tanto por ingresos como por privaciones elementales, y, entre ellos, uno de cada 10 experimenta hambre de manera cotidiana. Además, según el mismo estudio que examinó la problemática del mercado laboral, desde hace más de una década, sólo 4 de cada 10 trabajadores tiene un trabajo digno, a la vez que el 60% de la población activa tiene un empleo precario, un trabajo de indigencia o está desocupado.

Durante la presentación del trabajo, Monseñor Gustavo Carrara, vicepresidente de Cáritas Argentina recordó que en el país hay 5687 villas o barrios populares. Miles de familias con acceso muy limitado a servicios básicos. “Ahí está el núcleo duro de la pobreza. En estos últimos años la brecha se ha agigantado y han aumentado los pobres y los indigentes. Esta es la verdadera brecha en la Argentina, y no puede seguir sucediendo. Nuestro país no va a ser dichoso si no se acorta esa brecha.” señaló el prelado.

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