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20 junio, 2024

Novak Djokovic y la fortaleza de una mente brillante que es clave en su lucha por ser el mejor de la historia

Este Wimbledon 2022 no puede ser considerado un título más para Novak Djokovic. Es su séptimo trofeo en el All England Club, a uno de los ocho de Roger Federer y el cuarto en fila que gana desde 2018. Algo que no es nada sencillo, se sabe. Lo dice la historia… Y si bien uno puede hablar largo y tendido de todas sus marcas -lleva 28 triunfos consecutivos sobre el césped sagrado– y de sus grandes actuaciones en las últimas temporadas sobre esta superficie, el contexto en el que se dio esta coronación merece otro tipo de análisis. Porque no deja de sorprender la enorme capacidad para construir sus grandes victorias. Y eso va más allá de la final que le ganó al impredecible Nick Kyrgios.

Quedó claro que Djokovic no siempre puede imponerse desde el comienzo. De hecho, cedió varios primeros sets en las rondas anteriores y hasta pareció, muchas veces, que los partidos podían complicarse. Pero al final siempre aparece festejando.

Por eso, antes de analizar a fondo qué es lo que tiene Nole para prolongar su dominio, vale ponerse en situación y entender que el serbio llegó a Londres a sabiendas de que este puede ser su último torneo de Grand Slam de la temporada. Es que su participación en el US Open está en duda porque el protocolo sanitario exige estar vacunados para entrar a Nueva York. Y Djokovic, como es archiconocido desde aquellos episodios judiciales en Australia en enero pasado, no lo está.

Novak Djokovic volea abajo un tiro complicado de Kyrgios. Foto: AP

Por eso el serbio tenía la necesidad de pisar fuerte en Londres. Para encarrilar también un poco un año en el que no solo jugó poco, sino que también ganó casi nada teniendo en cuenta sus exigentes parámetros. Por lo tanto, se podía presuponer que la ansiedad le jugaría en contra porque por culpa de esa necesidad de ganar sí o sí el torneo.

Es que a diferencia de todas las temporadas anteriores, al menos hasta 2019 cuando la pandemia todavía no había alterado la vida de todos, siempre existió la normalidad de la revancha. Es decir: ante cada objetivo no cumplido, la cabeza enseguida se trasladaba al próximo desafío. Y eso es diferente para Djokovic. Porque no sabe tampoco qué pasará en el futuro. De ahí a que la ansiedad y la incertidumbre pudieran ser una carga extra para él.

Aún así, el serbio vuelve a brillar un domingo. A Nole ganarle un domingo es realmente muy complicado. Y este Wimbledon tuvo un valor muy especial. Como decíamos, le sirvió para encarrilar el año, pero también le permitió superar a un adversario en la final contra quien siempre había tenido problemas. De hecho, había perdido las dos veces que se habían cruzado. Ni siquiera le había podido ganar sets.

Aparecieron los fantasmas con su mal comienzo que le permitió a Kyrgios quedarse con el primer set. Pero una vez más, como lo hizo en los últimos encuentros -y como lo hizo históricamente-, si no te gana desde el principio, encuentra la fórmula para dar batalla con el correr del juego. Es que Nole te va mapeando. Te va dejando entrar y va encontrando tus falencias, casi como el sistema inmunológico de los cuerpos. Deja entrar el enemigo, lo analiza, parece que el rival lo va a complicar y lo va a tener contra las cuerdas, pero a partir de ahí empieza a crecer, empieza a encontrar la manera de trabajar el partido. Y esta es una enorme ventaja. Esto es ser Djokovic.

El australiano sorprendió a Nole y se quedó el primer set. Foto: AP Photo/Alastair Grant

Ahí te muestra su inteligencia, su espíritu competitivo, esa forma que tiene de ir llevando el partido y, muchas veces de manera imperceptible, hacia donde él quiere. Por eso, estimado lector, cuando parece que Djokovic está en los peores momentos, no se levante, quédese sentadito viéndolo… Y si está del otro lado de la red, ponga la guardia bien en alto porque siempre aparece la mejor versión.

Y eso, lo que hablaba de un partido en general, sería casi trasladable a este año. Ha estado en un año difícil, había tenido solo un título, aquel en el Masters 1000 Roma, y justamente cuando la temporada parecía complicada, porque uno pensaba que si no ganaba en Londres el año iba a estar roto, fue y terminó ganando este título de Wimbledon.

Párrafo aparte merecen los caprichos de algunas decisiones, que tienen que ver con la prohibición de los organizadores para la participación de rusos y bielorrusos que se sumó a la decisión de la ATP y de la WTA de que el torneo no entregara puntos. ¿Valieron la pena? Parece que no. Que el tiro les salió por la culata a los organizadores y a las organizaciones. Porque Djokovic, un gran campeón, cayó del tercer al séptimo lugar del ranking desde este lunes. Y eso no tiene lógica. Acaba de ganar su cuarto Wimbledon por cuarto año consecutivo y va a descender a un puesto que no le es propio. Y para Wimbledon también hubo “castigo”. Por más que la bandera de Elena Rybakina fuera la de Kazajistán, la campeona del torneo es jugadora rusa hasta la médula. Así que parece que el destino se encargó de decirles a todos que estaban equivocados.

Más allá de esta disquisición, lo concreto es que Djokovic parece decidido a dar batalla hasta el final en esa disputa abierta que todo el mundo del tenis disfruta y que tiene que ver con quién será el que obtenga mayor cantidad de títulos de Grand Slam. Nole sabía que le quedaba un cartucho en la temporada para tratar de quedar ahí al acecho de Rafa Nadal, poner el N°21 en su cuenta y estar atento para cuando llegue la oportunidad de dar el zarpazo.

Porque compite con un Nadal que ya sabemos en la situación que está viviendo, con todas las molestias físicas a cuestas, y con un Roger Federer que, por más que todos lo queremos volver a ver, nadie piensa que pueda volver a ganar un major. Por lo tanto, Novak Djokovic, a mediano plazo, es el que mejor parado queda.

Novak Djokovic, otra vez rey de Wimbledon. Foto: AP

Y recordemos que para el serbio el desafío más lindo y el que más lo motiva es aquel que parece más difícil. Él está decidido, está convencido de que la cima le pertenece. Y que no habrá manera de sacarlo de ahí. Es cuestión de tiempo. Así como nunca entregó fácil una derrota, en este caso la pelea de Djokovic está intacta. Ese temperamento, ese físico inigualable, sencillamente, lo ponen como uno de los grandes candidatos a ser el más ganador de Grand Slams de todos los tiempos.

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